Mientras el Estado niega la realidad de las personas en situación de calles, la Fé y un grupo de voluntarios actúan en Gral Rodriguez

«Mientras el Estado niega la realidad de las personas en situación de calle, una familia y un grupo de voluntarios sostienen cada martes una red solidaria que entrega comida caliente, abrigo y algo que muchas veces vale más que un plato de comida: un abrazo»

Cuando cae la noche sobre General Rodríguez, la ciudad muestra una realidad que permanece invisible para muchos. Bajo las persianas de los comercios cerrados, en plazas y esquinas, hombres y mujeres buscan refugio del frío mientras intentan sobrevivir una jornada más. Son personas que conviven con el hambre, la soledad y el abandono.

Frente a ese escenario, donde muchos denuncian una escasa presencia estatal para atender la problemática, un pequeño grupo de vecinos decidió no quedarse de brazos cruzados. Sin recursos oficiales, sin una estructura institucional y únicamente impulsados por la solidaridad, cada martes salen a recorrer las calles para entregar viandas calientes, frazadas y contención a quienes más lo necesitan.

Detrás de esa tarea se encuentra Roberto Daniel y su familia, cristianos pentecostales independientes que transformaron la fe en acción concreta. Para ellos, ayudar no es un discurso ni una ceremonia religiosa, sino una responsabilidad cotidiana.

«Si uno dice seguir a Jesucristo, tiene que estar donde está el que sufre», sostienen mientras la cocina de su casa se convierte cada semana en un improvisado centro de producción de alimentos. Sobre la mesa familiar se preparan arroz, salsa, verduras y albóndigas caseras que luego serán distribuidas durante la recorrida nocturna.

En el magazine ¿Que paso esta semana? con la Conducción de Francisco Cirigliano, Roberto Daniel junto a su hijo visitaron el estudio donde brindaron los detalles de cada recorrida por las calles de Gral Rodriguez.

La historia de esta iniciativa también está marcada por el sacrificio. Hubo momentos en los que la familia apenas contaba con $20.000 pesos para afrontar sus propios gastos durante dos semanas. Sin embargo, decidieron invertir ese dinero en comprar alimentos para cocinar más de cincuenta viandas destinadas a personas que no tenían nada para comer.

Con el tiempo, la solidaridad comenzó a multiplicarse. Compañeros de trabajo de Roberto, empleados de la reconocida empresa lactea del distrito, organizaron un grupo para colaborar de manera permanente con alimentos e insumos. Gracias a ese compromiso, hoy pueden asistir de forma regular a cinco familias numerosas y recorrer distintos puntos de la ciudad donde viven personas en situación de calle.

WhatsApp-Image-2026-07-27-at-3.36.36-PM.jpeg

Las necesidades siguen siendo muchas. Para continuar con la tarea necesitan arroz, puré de tomate, pollo, carne para preparar albóndigas, bandejas descartables, medicamentos de primeros auxilios y frazadas para enfrentar las bajas temperaturas del invierno.

Pero quienes participan aseguran que el hambre no siempre es la mayor necesidad.

Uno de los testimonios más conmovedores llegó cuando un hombre, después de recibir su comida, pidió simplemente un abrazo. Hacía años que nadie lo abrazaba.

Esa experiencia también marcó profundamente a Bautista, el hijo de Roberto, que acompaña cada recorrida desde el histórico Duna blanco de la familia. «Hay que comer lo que tenés, no lo que elegís», reflexiona el joven, convencido de que la experiencia le enseñó a valorar aquello que muchas veces se da por sentado.

Cada martes, el punto de encuentro es la Plaza Sarmiento, entre las 19:30 y las 20:00, donde el característico automóvil blanco espera con las viandas listas para ser entregadas. Luego comienza el recorrido por distintos sectores de General Rodríguez para asistir a quienes ya no pueden acercarse por sus propios medios. La jornada comienza previamente en la Plaza del Bicentenario, donde el grupo comparte un momento de reflexión antes de iniciar la recorrida solidaria.

En tiempos donde la indiferencia parece ganar terreno, esta familia demuestra que un plato caliente puede aliviar el hambre, pero un gesto de cercanía puede devolver algo todavía más importante: la dignidad. Porque mientras muchos pasan de largo, ellos siguen recorriendo las calles convencidos de que nadie debería enfrentar el frío, el hambre y la soledad completamente solo.