
A sus 60 años, Héctor Maduri convive con una forma de sinestesia proyectiva que hace que sonidos, voces, texturas y estímulos cotidianos se transformen involuntariamente en colores, sabores y formas. En diálogo con Francisco Cirigliano, durante el programa ¿Qué Pasó Esta Semana?, Maduri compartió su experiencia en primera persona y habló sobre la importancia de visibilizar esta condición neurológica poco frecuente.
La sinestesia es una condición neurológica poco frecuente en la que los sentidos se mezclan de manera involuntaria. Para quienes la experimentan, un sonido puede estar acompañado por un color, una textura o incluso un sabor, generando una forma particular de percibir el entorno.
Héctor Maduri, vive esta experiencia como sinestésico proyectivo, una modalidad en la que las percepciones no quedan solamente en el plano de la asociación mental, sino que son visualizadas como si aparecieran delante de él.
“Literalmente lo vemos por medio de como si tuviéramos un televisor chiquitito”, explica Maduri al describir su experiencia cotidiana. Según cuenta, estas percepciones se manifiestan principalmente en su lado derecho y pueden aparecer ante estímulos táctiles, visuales o auditivos.
En una conversación, por ejemplo, la voz de una persona puede generar un color determinado, acompañado por un sabor y una textura. Maduri describe estas sensaciones como características propias de cada individuo, al punto de referirse a ellas como el “ADN” de esa persona.
La experiencia también continúa durante el descanso. Incluso mientras duerme, su cerebro procesa estímulos internos como los latidos del corazón y la respiración a través de la interocepción, generando nuevamente colores y sabores.
Aunque para Maduri esta manera de percibir el mundo forma parte de su vida cotidiana, determinados estímulos pueden resultar especialmente intensos. Uno de ellos es la resonancia magnética.
Los estudios de neuroimagen permiten observar cómo distintas áreas del cerebro responden ante los estímulos en personas con sinestesia. Para un sinestésico proyectivo, sin embargo, los sonidos y sensaciones generados durante una resonancia pueden desencadenar una experiencia difícil de controlar.
Maduri recuerda una resonancia que intentó realizarse en La Plata y que no pudo completar debido a la intensidad de las percepciones que experimentó. “Es un detonador simbiótico, es un desastre en mi cabeza”, relata.
Frente a la falta de conocimiento que todavía existe sobre la sinestesia, Maduri desarrolló junto a su psiquiatra un programa interactivo denominado “Macarón”.
La propuesta busca que las personas que no tienen sinestesia puedan acercarse, mediante elecciones de colores y tiempos, a algunos de los estímulos que forman parte de la percepción de quienes sí presentan esta condición.
Su trabajo de divulgación llegó también al ámbito legislativo y contribuyó a impulsar la declaración del 2 de julio como Día de la Sinestesia en la Ciudad de Buenos Aires, una fecha destinada a promover la difusión y comprensión de esta particular forma de percepción.
Maduri insiste en que su experiencia no tiene relación con cuestiones espirituales o místicas, sino con una manera biológica de procesar los estímulos.
“Del lado derecho tengo todo lo hermoso de lo que es la vida, colores, sabores, textura… y del otro lado tengo un abismo de soledad donde si no nos protegemos en el arte o en las matemáticas, es complicado”, expresa.
A sus 60 años, su objetivo es continuar comunicando y educando sobre la sinestesia para que quienes viven con esta condición puedan ser comprendidos y para que una percepción diferente del mundo deje de ser vista como algo extraño o inexplicable.